Acerca de las energías renovables

Ayer publicaba en Capitalibre algunos apuntes básicos para comprender mejor qué es el régimen especial de generación de electricidad, qué son las energías renovables, hasta qué punto han influido en la bajada del precio de la electricidad aplicable a partir del próximo mes, qué son los objetivos 20-20-20 para 2020… Si queréis saber algo más acerca de este importante asunto, creo que deberíais leerlo.


“No es economía, es ideología” de Economistas frente a la Crisis

En febrero mis colaboraciones en Capitalibre se dedicaron exclusivamente a reseñar un libro cuya lectura recomiendo a todo aquél que tenga la mosca detrás de la oreja con el tema de la austeridad. Porque este libro lo que defiende es que la austeridad no está justificada desde un punto de vista económico por lo que su uso, su abuso, ha de estar motivado únicamente por intereses particulares. En “No es economía, es ideología” se habla de austeridad, sí, pero de una austeridad bien entendida, de equilibrio pero no a costa del estado del bienestar, de los trabajadores o de los consumidores.  En fin, un buen libro que invita a reflexionar.

No es economía, es ideología, de Economistas frente a la Crisis (I)

No es economía, es ideología, de Economistas frente a la Crisis (II)


Renta fija, mercados de deuda pública, déficit tarifario y un par de reseñas

Con el agua al cuello

Durante el mes de agosto, mis colaboraciones en Capitalibre estuvieron, como veréis, bastante centradas en la renta fija. Así, en primer lugar, tenemos la entrada “Los mercados de deuda pública: ¿qué posibilidades dan y cómo funcionan?“. Os recomiendo su lectura si queréis saber cómo se emite la deuda pública en España, qué diferentes posibilidades nos ofrece y en qué mercados está disponible.

Además, en el postCaracterísticas principales de la renta fija: tipo de interés, amortización y plazo” analizo las diferentes clases de títulos en función del tipo de interés que paguen, del método de devolución del principal que prometan y del plazo para el que se emitan.

También podéis leer mis reseñas acerca de un par de buenos libros relacionados con la economía: “Freakonomics“, de S. Levitt y S. Dubner -un viaje a las fronteras de la causalidad en economía- y “El club de los pringaos“, de D. Montero -donde os sorprenderéis de los muchos impuestos que pagáis y de los pocos impuestos que pagan los grandes empresarios, artistas, deportistas…-. Las entradas correspondientes son:

Por último, en octubre, ante la publicación por el actual Gobierno del “Proyecto de Ley para detener la generación del déficit de tarifa eléctrico” escribí la entrada “Acerca de las causas del déficit de tarifa eléctrica“.

Salvados: Oligopoly

Con posterioridad a la publicación de ese post, ya en noviembre, Jorge Fabra Utray publicó en el blog de Economistas Frente a la Crisis, “El déficit tarifario: sin un diagnóstico correcto nunca habrá una reforma eficiente“,  donde describe de forma inmejorable lo que hay de verdad y de mentira en el déficit de tarifa, así que no puedo menos que recomendar su lectura a los que estéis interesados en la economía de la energía y el déficit tarifario.

También en noviembre, Jorge Morales comenzaba su propio blog con “Nuevo medio, mismo fin“, con el convencimiento de que “un nuevo modelo energético es posible“.

Pero es que la semana pasada, el programa Salvados, de la Sexta, emitió un especial sobre la energía, “Oligopoly, el juego de la energía“, donde Jordi Évole entrevista -entre otros expertos del sector como Carmen Monforte– a Jorge Fabra Utray y a Jorge Morales.  No deberías perdéroslo si aún no lo visteis.


Cosas que hacer en Europa cuando hayamos muerto

Perfiles de consumo horario

p. 8 - Guía de Consumo Inteligente (REE)

Austeridad, austeridad, austeridad…  Es el mantra más escuchado en los últimos años.  Los que sigáis este blog ya sabréis (o al menos intuís) cuál es mi postura ante las soluciones que se están proponiendo o adoptando para paliar la actual crisis financiero-económica.  Yo creo que cualquier cosa con moderación; y, especialmente, la austeridad en los tiempos que corren.  Sí que es cierto que hay que optimizar el gasto público, hay que buscar destinos para el mismo que puedan proporcionar una elevada rentabilidad en el futuro.  Y uno de esos destinos bien podría ser el sistema eléctrico europeo.

Para entender las ventajas que proporcionaría partamos de un día cualquiera en nuestras vidas y pensemos cuándo y cómo gastamos electricidad.  Es cierto que no las gastamos de igual manera en verano que en invierno.  De hecho, el perfil es diferente en los meses más fríos y en los meses más cálidos.  En invierno, empieza a crecer el consumo eléctrico a partir de las primeras horas de la mañana y se mantiene elevado hasta que nos vamos a dormir; en concreto, el consumo residencial presenta un pico a partir de las 20:00 horas (llegamos a casa, encendemos luces, ponemos la calefacción…).  En verano, gastamos menos (hay más horas de luz) y el perfil de la demanda total es parecido (aunque en vez de mantenerse elevado disminuye a medida que se acerca la noche); por su parte, el consumo residencial presenta ahora dos picos: uno al mediodía y otro por la noche, muy relacionados con el aire acondicionado y demás instrumentos de refrigeración.  Podemos verlo gráficamente en los perfiles de consumo que acompañan a esta entrada y que están sacados de la página 8 de la “Guía de Consumo Inteligente” de Red Eléctrica Española (disponible en http://ir.gl/514a3c).

Ahora tenemos que recordar de nuestros tiempos de estudiante que la electricidad no se puede almacenar, lo cual implica que el sistema eléctrico tiene que producir la misma cantidad de energía que se va a consumir: si hay exceso de energía durante mucho tiempo (léase, muchos minutos), se sobrecargarán las redes y pueden dañarse; si produce mucha electricidad de menos durante mucho tiempo (de nuevo en un orden de magnitud de minutos o segundos) habrá apagones.  Por eso el mercado de energía eléctrica opera en una base horaria y a tan corta distancia (el día anterior) del momento de consumo; y por eso se complementa con mercados de reservas que operan casi instantáneamente.

Por último, tenemos que tener en cuenta que la generación de electricidad no siempre esta garantizada: hay averías y errores humanos en las centrales de generación pero también hay centrales de generación que dependen de si ha llovido, de si hace sol o de si hace viento; las que no dependen de factores exógenos suelen presentar tiempos de arranque y parada más largos y estos procesos suelen ser más costosos…  Además, también las redes de transporte y distribución de electricidad pueden verse afectadas por pérdidas (totalmente normales en el transporte de electricidad), averías, accidentes, daños intencionados…  Por todas estas razones, es necesario que el sistema sea capaz de producir más electricidad que la máxima que se espera que se vaya a consumir.

Es decir, es el máximo consumo previsto el que define cuál debe ser la capacidad del sistema.  En las páginas 10 y 11 de la mencionada “Guía de Consumo Inteligente” encontramos algunas de las formas de hacer un uso sostenible de la energía: consumiendo menos, desplazando el consumo desde las horas de punta a las horas de valle (de aquí vienen las tarifas de discriminación horaria actual y la antigua tarifa nocturna), fomentando el consumo en horas de valle (lo que se conoce como “llenar los valles“), reduciendo el consumo en las horas de punta o cualquier combinación de las anteriores.

Por cierto, que respecto de la reducción del consumo de horas de punta, hace un par de semanas el Ministerio de Industria hablaba de suprimir el servicio de interrumpibilidad (véase, por ejemplo, http://ir.gl/2dabdf) para reducir el déficit tarifario.  Dicho servicio básicamente consiste en que algunas empresas reciben pagos del sector eléctrico (que se financia con lo que pagamos los consumidores en nuestras facturas de la luz) a cambio de la posibilidad de “desconectarse” de la red en caso de que la seguridad del sistema (el equilibrio entre generación y consumo de electricidad) se viese amenazada.  No voy a hacer comentarios sobre esta decisión…

El sistema eléctrico español está integrado con el sistema eléctrico portugués pero muy escasamente con el sistema eléctrico francés y, por ende, desconectado del resto de Europa.  Y esto es malo porque nos impide aprovecharnos de la diferencia horaria con el este europeo.  En Eslovaquia, Hungría, Polonia, Finlandia, Suecia… el perfil de consumo eléctrico es similar al español pero ocurre con anterioridad.  ¿Qué mejor forma de llenar los valles que la de utilizar esa capacidad sobrante para generar electricidad y transmitirla a los lugares de Europa que en ese momento no están en un valle?  Esto posibilitaría también una reducción de las capacidadades nominales de todos los sistemas europeos puesto que simplemente habría que tomar la energía de los lugares que estuvieran en valle y presentaran por tanto un exceso de capacidad instalada.  Es cierto que las infraestructuras de transporte eléctrico son caras, muy caras, pero… ¿A que es una forma elegante de incurrir en gasto público? Rentable, sostenible, seguramente con buenos multiplicadores…  ¿A qué esperamos?

Por desgracia no os creáis que esto es algo que se me acaba de venir a la cabeza junto con la feliz ocurrencia de publicarlo.  Hace décadas que se sabe, pero cuestiones aparentemente políticas son las que provocan que aún ahora, nuestra conexión con Francia, con el resto de Europa en definitiva, sea de risa.  Sigamos esperando…  Hasta que hayamos muerto…


Sobre la suspensión de las primas al régimen especial

La verdad es que en los últimos tiempos no dejo de sorprenderme.  En diciembre el nuevo Ministro de Industria mantenía congelada la tarifa eléctrica (la tarifa de último recurso y los peajes de acceso, que son los precios sobre los que el regulador tiene competencia) y se planteaba prorrogar la actividad de la vetusta Central Nuclear de Garoña cinco años hasta 2018.  Sobre la congelación de la tarifa ya hablé aquí y sobre mi posición ante la energía nuclear me pronuncié en este otro post.

Pero ahora resulta que se suspenden las primas al régimen especial; suspensión, eso sí (me vienen a la memoria las palabras del Ministro el pasado viernes: algo así como que el Gobierno apuesta firmemente por las renovables (!)).  Para una exposición más seria de las incongruencias técnicas y económicas de esta medida recomiendo esta entrada del blog “Economistas frente a la crisis”.

Por mi parte, animado por un viejo amigo, trataré de arrojar un poco más de luz sobre este tema de las primas del régimen especial.

En primer lugar, es cierto que es común escuchar hablar del régimen especial como sinónimo del régimen de energías renovables.  Las energías renovables son una parte importante del régimen especial pero éste es más que las energías renovables.  Además, hay una energía renovable, la gran hidráulica (hidráulicas con más de 50 MW), que no forma parte del régimen especial.  En la liquidación de la CNE de las primas equivalentes, primas, incentivos y complementos a las instalaciones de producción de energía eléctrica en régimen especial de Noviembre de 2011, podemos ver las producciones de energía en GWh de todos estos generadores en noviembre del año pasado:

Como vemos, dentro del régimen especial se han incluido (véase el Real Decreto 661/2007) tanto las energías renovables como la cogeneración (generación conjunta de calor y energía eléctrica o aprovechamiento del calor residual de determinados procesos industriales para la generación de energía eléctrica) y el tratamiento de residuos.  Es cierto que la cogeneración suele producir electricidad con combustibles fósiles pero, por lo menos, se aprovecha el calor de la generación de energía reduciendo el consumo (y por tanto también la necesidad de generación).

Pero volvamos a los efectos de la suspensión de la prima sobre las energías renovables.  En primer lugar, por el propio funcionamiento del mercado, si la generación de régimen especial se estanca es de esperar que suba el precio de la energía en el mercado.  En efecto, los generadores del régimen especial están obligados a vender su producción a cualquier precio; por eso, muchas veces se dice que ofertan su producción a precio cero.  Esta “oferta a precio cero” desplaza la curva de oferta hacia la derecha lo cual, si la demanda permanece constante, hace que baje el precio de equilibrio.  Si ese desplazamiento se reduce, el precio de equilibrio bajará menos.

Si sube el precio de la energía en el mercado (o no baja tanto como antes) la prima del régimen especial (basada en un sistema de cap y floor) no será tan elevada y si se reduce la participación del régimen especial habrá menos primas que pagar.  Por esto, antes subrayé el hecho de que lo que sube es el precio de la energía en el mercado: como las primas las pagamos vía tarifa, el coste de la electricidad para el consumidor no debería variar mucho; la subida del precio de mercado habría de verse compensada con la bajada de las tarifas y peajes de acceso.

Otro efecto, éste mucho peor desde mi punto de vista, es que si el régimen especial y, en concreto, las renovables, dejan de crecer, estamos enviando señales al mercado de generación para que incrementen su participación en el mismo tecnologías altamente contaminantes y caras como el fuel (que hoy sólo entra a producir en períodos de punta de demanda).  Y esto es muy costoso no sólo por lo que cuesta producir la energía en sí, sino por las externalidades (costes medioambientales) y también por lo que vamos a tener que pagar por unas mayores emisiones de CO2.

Y me pregunta mi amigo si este parón afecta por igual a los grandes generadores que a los pequeños.  Evidentemente, no.  Los grandes generadores pueden permitirse seguir adelante con sus proyectos, bien sea porque se trate de grandes proyectos cuya escala les permite ser rentables (menos que antes pero rentables al fin y al cabo), bien porque se trate de proyectos propiedad de las grandes compañías eléctricas que, con la suspensión, pasan a ingresar vía régimen ordinario lo que dejan de ingresar por primas al régimen especial.

¿Y qué pasa con el concurso eólico de Galicia?  Pues que tras los recursos de la Xunta contra sí misma, los pronunciamientos del TSXG sobre la legalidad del concurso original y los demás retrasos sobrevenidos, como otras tantas veces en nuestra historia, se nos ha marchado el tren del progreso.  ¡Para una cosa en la que parecía que estábamos en vanguardia!

Por último, ¿sabíais que en los países del norte de Europa los propietarios de los terrenos donde se construyen los parques eólicos tienen derecho a participar en los beneficios de dichos parques?  ¿Sabíais que el Decreto 242/2007 de la Xunta de Galicia (la del bipartito) abría la posibilidad a esa participación?  ¿Sabíais que la Lei 8/2009 de la Xunta de Galicia criticó expresamente dicha iniciativa y la derogó?  Para reflexionar…

Me dejo un par de cuestiones que quedan para futuras entradas de este blog.


Jugando con los enchufes

Wind turbines in the Parque Eólico de Lanzarote (CC BY-NC-ND 2.0: Nick Atkins)

Al mediodía voy a comprar el pan a la panadería que el ex-jugador del Dépor Sabín Bilbao tiene en A Coruña; me cuesta la barra 0,95 €.  Por las noches, suelo tomarme una cerveza y un pincho en el bar de Pepa; pago 1,50 €.  Es decir, mi presupuesto diario para pan y cerveza es de 2,45 €.

Imaginemos ahora que las malas cosechas de los últimos años (he de reconocer que no sé si en los últimos años hubo buenas o malas cosechas pero supongámoslas malas) provocan un incremento en el precio de los cereales que repercute directamente en lo que me cuesta la barra de pan: ésta pasa a valer, digamos, 1,10 €.

Sigamos imaginando: con la que está cayendo creo que no sería aconsejable pagar más de 2,35 € diarios por el pan y la cerveza así que, aunque su valor real es de 2,60 €, decido sugerirle a Pepa que del euro y medio que me cobra, me deje pagarle sólo 1,35 y que los 0,15 céntimos que faltan me los vaya apuntando —junto con sus intereses, lógicamente— que ya se los iré devolviendo durante los próximos años.

Como a Pepa no le hace demasiada gracia (y a su negocio menos) eso de irme dejando cada día 15 céntimos, opto por ir a probar suerte a un banco y sugerirle el mismo pacto.  Tras ponernos de acuerdo en el tipo de interés a aplicar así como en la garantía, el pacto queda cerrado.

Y aquí me tienen, sigo gastando lo mismo día a día aunque tengo que acordarme de que, también diariamente, mi deuda con el banco va creciendo y, por tanto, sería bueno que un año de estos comenzase a pagar un poco más (por ejemplo, 2,50 €) para poder reducir la cantidad que diariamente pido prestada al banco.

Suena raro, ¿verdad?  Pues esto más o menos es lo que ha hecho el Gobierno hace un par de semanas con nuestras facturas eléctricas: desvestir un santo para vestir a otro.  Como el precio de la electricidad ha subido y dado que sería malo que, con la que está cayendo, las facturas eléctricas se disparasen, pues cogemos la parte de la factura que puede “ajustar” y ¡zas! Que sube el precio de la energía en el mercado; pues bajamos, por ejemplo, el cobro por la potencia contratada y listo.  Pero no se crean que la oposición pone el grito en el cielo ante este comportamiento; de hecho —en esto— está de acuerdo con el Gobierno (excepción hecha de Cristóbal Montoro, que ha manifestado su desacuerdo con la decisión).

¿Y por qué critico una medida que, en principio, parece que me favorece?  Pues por diversas razones.  En primer lugar, aclarar que, en condiciones normales, tratar de diferir los pagos a efectuar es un comportamiento de lo más racional; el problema está cuando la cantidad que ya debes por diferimientos anteriores supera con creces los 20.000 millones de euros.  Me parece que es un flaco favor el que le hacemos a las generaciones venideras dejándoles semejante cantidad de deuda, si bien es cierto que situaciones como ésta (“gastar dinero del futuro”) las podemos encontrar en muchísimos otros ámbitos de la economía.

Otro problema, y no menor, reside en que al tratar los sucesivos gobiernos de mantener bajo el precio de la electricidad (el Gobierno anterior al actual llegó a imponer un límite legal del 2% a lo que podía crecer la tarifa eléctrica de un año a otro), la población se ha ido acostumbrando a una coyuntura en la que, por una parte, accedemos a una electricidad mucho más barata de lo que debería ser y, por otra, tenemos la percepción de que la electricidad es carísima (no interesa ahora buscar responsables, pero ¿verdad que la subida de la bombona o del bus merecen menos atención en los medios de comunicación?).  Esta paradoja, junto con el deseo de que nuestro tejido empresarial no pierda competitividad (una subida del coste de la electricidad podría afectar demasiado a unas cuentas de resultados ya bastante maltrechas por la crisis), impone una tremenda presión sobre nuestros gobernantes que van retrasando todo lo que pueden el momento de abrir la caja de Pandora eléctrica.

Pero, convezcámonos, ese momento tiene que llegar.  Hoy en día, la legislación fija el año 2013 como el último ejercicio en el que se permitirá que haya déficit tarifario (que los ingresos por la tarifa eléctrica no sean suficientes para cubrir todos los costes regulados del sector eléctrico).  Ya veremos si es así.  Los incentivos que nuestros políticos tienen para echarse atrás son demasiado fuertes.

Aún tengo más razones para criticar el artificial mantenimiento del coste eléctrico por debajo del real.  Como el precio que pagamos por la electricidad es menor que el que deberíamos pagar, nuestro consumo eléctrico es, a su vez, mayor que el que debería ser.  En otras palabras, como es barato, nos preocupamos menos de dejar las luces encendidas, los aparatos en stand-by, los móviles conectados mucho más tiempo del necesario para que se carguen sus baterías, etc…  Y esto provoca que haya que generar más electricidad de la que necesitaríamos generar (como la energía eléctrica no se puede almacenar, la producción y el consumo de la misma han de ser prácticamente iguales en todo momento); más electricidad que implica no sólo mayores inversiones en generación (embalses, centrales, parques eólicos…), sino también (y esta es la parte regulada del mercado eléctrico; la que el Gobierno acaba de “tocar”) en infraestructuras de transporte y distribución de la electricidad a los consumidores, así como los costes de operación y mantenimiento de todos esos activos “de más”.

Y parte de esa mayor demanda inducida se cubrirá con energías renovables.  ¿Por qué no toda?  Porque gran parte de las renovables dependen de energías cuya disponibilidad hoy en día es muy poco controlable, hablando en términos de mantener el necesario equilibrio del sistema, pues es tan malo, desde el punto de vista de ese equilibrio, no generar la energía eléctrica necesaria para cubrir el consumo como generar de más (aquí recomiendo leer con calma el informe de Greenpeace «Energía 3.0», disponible en www.revolucionenergetica.es, donde se afirma —y se razona— que es posible cubrir el 100% de la demanda de electricidad del año 2050 con energías renovables).  Lo que falta se producirá con energías provinientes de combustibles fósiles y con energía nuclear.  Mi poca simpatía por ésta ya ha sido expresada en un post anterior y, en cuanto a las primeras, decir que sus emisiones, además de los efectos contaminantes que provocan, cuestan dinero en términos de derechos de emisión de CO2, incrementando el coste de la factura eléctrica, añadiendo presión a los gobernantes para que de nuevo opten por enviar señales totalmente equivocadas a los consumidores de electricidad y por diferir ese mayor coste y los intereses de su financiación para que se pague en el futuro.

Así que preparémonos para pagar más por la luz.  Por desgracia, es muy necesario tanto desde un punto de vista económico como ecológico.  En cualquier caso es una responsabilidad ante el futuro. Y, por favor, no recurramos al argumento fácil de echarle la culpa a las eléctricas; en esto en concreto los únicos responsables son los políticos.