Cosas que hacer en Europa cuando hayamos muerto

Perfiles de consumo horario

p. 8 - Guía de Consumo Inteligente (REE)

Austeridad, austeridad, austeridad…  Es el mantra más escuchado en los últimos años.  Los que sigáis este blog ya sabréis (o al menos intuís) cuál es mi postura ante las soluciones que se están proponiendo o adoptando para paliar la actual crisis financiero-económica.  Yo creo que cualquier cosa con moderación; y, especialmente, la austeridad en los tiempos que corren.  Sí que es cierto que hay que optimizar el gasto público, hay que buscar destinos para el mismo que puedan proporcionar una elevada rentabilidad en el futuro.  Y uno de esos destinos bien podría ser el sistema eléctrico europeo.

Para entender las ventajas que proporcionaría partamos de un día cualquiera en nuestras vidas y pensemos cuándo y cómo gastamos electricidad.  Es cierto que no las gastamos de igual manera en verano que en invierno.  De hecho, el perfil es diferente en los meses más fríos y en los meses más cálidos.  En invierno, empieza a crecer el consumo eléctrico a partir de las primeras horas de la mañana y se mantiene elevado hasta que nos vamos a dormir; en concreto, el consumo residencial presenta un pico a partir de las 20:00 horas (llegamos a casa, encendemos luces, ponemos la calefacción…).  En verano, gastamos menos (hay más horas de luz) y el perfil de la demanda total es parecido (aunque en vez de mantenerse elevado disminuye a medida que se acerca la noche); por su parte, el consumo residencial presenta ahora dos picos: uno al mediodía y otro por la noche, muy relacionados con el aire acondicionado y demás instrumentos de refrigeración.  Podemos verlo gráficamente en los perfiles de consumo que acompañan a esta entrada y que están sacados de la página 8 de la “Guía de Consumo Inteligente” de Red Eléctrica Española (disponible en http://ir.gl/514a3c).

Ahora tenemos que recordar de nuestros tiempos de estudiante que la electricidad no se puede almacenar, lo cual implica que el sistema eléctrico tiene que producir la misma cantidad de energía que se va a consumir: si hay exceso de energía durante mucho tiempo (léase, muchos minutos), se sobrecargarán las redes y pueden dañarse; si produce mucha electricidad de menos durante mucho tiempo (de nuevo en un orden de magnitud de minutos o segundos) habrá apagones.  Por eso el mercado de energía eléctrica opera en una base horaria y a tan corta distancia (el día anterior) del momento de consumo; y por eso se complementa con mercados de reservas que operan casi instantáneamente.

Por último, tenemos que tener en cuenta que la generación de electricidad no siempre esta garantizada: hay averías y errores humanos en las centrales de generación pero también hay centrales de generación que dependen de si ha llovido, de si hace sol o de si hace viento; las que no dependen de factores exógenos suelen presentar tiempos de arranque y parada más largos y estos procesos suelen ser más costosos…  Además, también las redes de transporte y distribución de electricidad pueden verse afectadas por pérdidas (totalmente normales en el transporte de electricidad), averías, accidentes, daños intencionados…  Por todas estas razones, es necesario que el sistema sea capaz de producir más electricidad que la máxima que se espera que se vaya a consumir.

Es decir, es el máximo consumo previsto el que define cuál debe ser la capacidad del sistema.  En las páginas 10 y 11 de la mencionada “Guía de Consumo Inteligente” encontramos algunas de las formas de hacer un uso sostenible de la energía: consumiendo menos, desplazando el consumo desde las horas de punta a las horas de valle (de aquí vienen las tarifas de discriminación horaria actual y la antigua tarifa nocturna), fomentando el consumo en horas de valle (lo que se conoce como “llenar los valles“), reduciendo el consumo en las horas de punta o cualquier combinación de las anteriores.

Por cierto, que respecto de la reducción del consumo de horas de punta, hace un par de semanas el Ministerio de Industria hablaba de suprimir el servicio de interrumpibilidad (véase, por ejemplo, http://ir.gl/2dabdf) para reducir el déficit tarifario.  Dicho servicio básicamente consiste en que algunas empresas reciben pagos del sector eléctrico (que se financia con lo que pagamos los consumidores en nuestras facturas de la luz) a cambio de la posibilidad de “desconectarse” de la red en caso de que la seguridad del sistema (el equilibrio entre generación y consumo de electricidad) se viese amenazada.  No voy a hacer comentarios sobre esta decisión…

El sistema eléctrico español está integrado con el sistema eléctrico portugués pero muy escasamente con el sistema eléctrico francés y, por ende, desconectado del resto de Europa.  Y esto es malo porque nos impide aprovecharnos de la diferencia horaria con el este europeo.  En Eslovaquia, Hungría, Polonia, Finlandia, Suecia… el perfil de consumo eléctrico es similar al español pero ocurre con anterioridad.  ¿Qué mejor forma de llenar los valles que la de utilizar esa capacidad sobrante para generar electricidad y transmitirla a los lugares de Europa que en ese momento no están en un valle?  Esto posibilitaría también una reducción de las capacidadades nominales de todos los sistemas europeos puesto que simplemente habría que tomar la energía de los lugares que estuvieran en valle y presentaran por tanto un exceso de capacidad instalada.  Es cierto que las infraestructuras de transporte eléctrico son caras, muy caras, pero… ¿A que es una forma elegante de incurrir en gasto público? Rentable, sostenible, seguramente con buenos multiplicadores…  ¿A qué esperamos?

Por desgracia no os creáis que esto es algo que se me acaba de venir a la cabeza junto con la feliz ocurrencia de publicarlo.  Hace décadas que se sabe, pero cuestiones aparentemente políticas son las que provocan que aún ahora, nuestra conexión con Francia, con el resto de Europa en definitiva, sea de risa.  Sigamos esperando…  Hasta que hayamos muerto…

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