¿Quo vadis, Europa?

El rapto de Europa

El rapto de Europa (CC BY 2.0: Ana Belén Cantero Paz)

Con fecha de ayer se publicaba en la página web del Consejo de la Unión Europea la Declaración de los Jefes de Estado o de Gobierno de la zona del Euro y las Instituciones de la UE tras la última Cumbre del Euro que, como apunta Isaac Rosa en su blog «empieza a parecerse a lo del “partido del siglo”», de tantas que hay y de tan trascendentales y decisivas que son todas — que realmente lo son.

Y nada nuevo, oigan. Que si felicidades a Grecia por la seriedad con la que se está tomando lo suyo; que le vamos a dar entre todos, sector privado incluido, un poco más de financiación y que le concedemos una ampliación del plazo de sus créditos a un tipo de interés ventajosísimo.  Que felicidades también a todos los demás por su compromiso para evitar los contagios; en especial a Irlanda y a Portugal por la especial determinación de su compromiso.  Que vamos a seguir trabajando para reducir los déficits y mejorar la competitividad (mención especial en este punto a Italia y a España); para estimular el empleo y potenciar el crecimiento.  Y que seguramente vaya adelante lo de la agencia europea de calificación. Fin.

Echo de menos medidas concretas; y algunas de las que se proponen creo que van en la dirección equivocada, como veremos después.  Vía el blog del profesor Mankiw llego a un artículo, escrito por los profesores Giavazzi y Kashyap acerca de cómo contener la crisis europea.  Demasiado evidente, por lo ortodoxo, desde mi punto de vista; pero al menos propone una alternativa e invita a la reflexión.  Básicamente, se afirma que cualquier posible solución pasa por asumir, dolorosamente, las siguientes cuatro realidades:

  1. Que algunos países europeos no van a ser capaces de hacer frente a sus deudas y que, por lo tanto, veremos alguna suspensión de pagos.  La de Grecia se da como prácticamente segura.  Las de Irlanda y Portugal como posibles y, hasta cierto punto, asumibles. Pero no hay sitio para nadie más; España no puede dejar de pagar su deuda y, mucho menos, Italia.
  2. Que esa o esas suspensiones de pagos podrían afectar gravemente al sistema financiero europeo, dada la gran cantidad de deuda gubernamental que las entidades bancarias poseen.  En definitiva, hay una posibilidad real de tener que enfrentarse a un pánico bancario sobrevenido que puede desencadenar la segunda crisis financiera global del siglo XXI (y estamos aún en 2011).
  3. Que ningún plan que garantice la deuda de los países mencionados puede ser creíble.  Con España e Italia en medio del lío la garantía es inviable.
  4. Que cualquier decisión que se tome tiene que generar crecimiento económico, lo cual no va a ser fácil dados los graves problemas estructurales de los cinco países en riesgo.

La propuesta de solución de los profesores Giavazzi y Kashyap es la siguiente: hay que impedir a toda costa el pánico bancario.  ¿Cómo?  Fortaleciendo a los bancos ante la posibilidad, casi real, de que algún o algunos países suspendan pagos.  Ya, pero… ¿cómo?  A través del fondo europeo para la estabilidad financiera (EFSF) y con ciertas condiciones.  En principio, los bancos deberían de estimar cuánto capital necesitan y, necesariamente, tendrían que tratar de conseguirlo en el mercado de capitales en un plazo determinado.  El EFSF acudirá en ayuda de aquéllos que no hayan sido capaces, pero la dirección de estas entidades ha de ser relevada (lo que no entiendo es cómo no se ha llevado a cabo ya esta medida, tanto en Europa como en Estados Unidos) y los gobiernos de los países a los que pertenezcan los bancos que hayan de ser financiados tienen que comprometerse a hacer lo posible para potenciar el crecimiento económico.  Los profesores ponen como ejemplo la liberalización de los mercados de trabajo, bienes y servicios.  De no darse este requisito, el banco o bancos se quedan sin el capital necesario (que además se irá a los bancos de otros países) provocando la quiebra del país en cuestión.  Pero es más barato, dicen los autores, ayudar a los demás bancos ante la quiebra de ese país que salvar a los bancos de ese país.  No sé, no sé…  Pero por lo menos, como decíamos más arriba, se propone un procedimiento concreto.

¿Y qué piensa el profesor Krugman de todo esto?  El título de uno de sus últimos posts (1937! 1937! 1937!) no parece muy tranquilizador. Su mayor crítica es al punto 11 de la declaración, donde se dice que «todos los Estados miembros de la zona del euro se atendrán estrictamente a los objetivos presupuestarios acordados, mejorarán la competitividad y corregirán los desequilibrios macroeconómicos. El déficit público de todos los países, excepto los que están sujetos a un
programa, se situará por debajo del 3% en 2013 a más tardar»; puesto que está demandando  austeridad a los países afectados por la crisis de la deuda, pero también a los que no están afectados por la misma (a todos los Estados miembros).  Esto, unido a las subidas de tipos del Banco Central Europeo, mantendrá la demanda deprimida tanto en las economías de los cinco países en la cola para las suspensiones de pagos como en las del resto de países de la zona Euro.  Lo cual, «nos conducirá a una vigorosa recuperación a través… ¿de qué?».

«En el nombre de la prudencia se están destrozando las economías más avanzadas», afirma Krugman.

Y tiene razón…

Por cierto, 1937 fue el año en que la Reserva Federal y el Gobierno de los Estados Unidos dieron por hecho que la Gran Depresión había acabado; la consecuencia de las políticas que entonces adoptaron fue una nueva crisis económica.  Krugman escribió una columna a principios de 2010 sobre este tema; traducida al español, fue publicada por El País en su suplemento de negocios bajo el título “Esa sensación de 1937“.

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La contracción económica aún es contractiva

Con este irónico trabalenguas título nos sorprendía ayer el profesor Krugman en una entrada de su blog (Contraction, Still Contractionary).  En ella analiza las conclusiones del reciente informe Expansionary Austerity: New International Evidence emitido por el Departamento de Investigación del FMI, en el cual sus autores (que son los que realmente asumen los puntos de vista del informe; y no el FMI — conviene aclarar esto) tras haber estudiado datos históricos, buscando en ellos situaciones en las que se había cambiado la política fiscal, no en base a las perspectivas económicas, sino con la intención de reducir el déficit presupuestario, concluyen que dichas políticas «producen efectos contractivos en la demanda interior y en el PIB» y que los datos parecen apuntar a que aquellos trabajos que apoyan que la severidad de las políticas fiscales tienen consecuencias expansivas parece que «tienden a exagerar» dichas consecuencias.

Como apunta Krugman: «El informe muestra que los resultados que pretenden demostrar que la economía se reactiva después de recortar el gasto público y/o subir los impuestos se basan en una mera ilusión estadística.  Al contrario, una economía en expansión provoca un incremento de los ingresos fiscales y/o una disminución de los gastos públicos.  Esta disminución de gastos puede deberse, por ejemplo, a la reducción en gastos sociales derivada de la disminución de la pobreza que una época de bonanza económica trae consigo o a la decisión de reducir el gasto público para enfriar las presiones inflacionarias».

El post continúa diciendo que los efectos contractivos no son explicados al 100% por la política fiscal sino que son menores a los esperados, pero que esto puede deberse a que «los programas de austeridad fueron ejecutados en momentos en los que el tipo de interés estaba por encima de cero [mientras que la Reserva Federal de los Estados Unidos mantiene el tipo de interés entre el cero y el 0,25% desde diciembre de 2008] y, en consecuencia, la contracción bien pudo haberse visto atenuada por una política monetaria expansiva».  Política monetaria que hoy no funcionaría precisamente por estar los tipos de interés congelados en el entorno del cero en Estados Unidos.  En otras palabras, si pudiendo financiarse al 0,25% la economía no funciona, una inyección monetaria no iba a mejorar las cosas; todo lo más incrementaría el saldo de efectivo del sistema.

Eso es precisamente la descripción de una trampa de liquidez.  La causante de tanta ineficacia en las políticas económicas que se han sugerido y probado desde el comienzo de esta crisis hace ya casi tres años.

El caso es que no parece que una política fiscal contractiva estimule la economía.  Pero podemos preguntarnos si es lo mismo recortar gastos públicos que incrementar los ingresos vía aumento de impuestos.  Parece que los datos corroboran que la contracción es menor cuando se recortan gastos pero, de nuevo, en palabras de Krugman, «parece como si las respuestas de los bancos centrales fuesen más tolerantes [el subrayado es nuestro] con los recortes de gastos que con las subidas de impuestos, combinación quizá de factores como el miedo a la inflación, la creencia de que los recortes en el gasto público son más duraderos o (esto no sale en el informe) la propia ideología de los banqueros».

En definitiva, concluye Krugman que «si la discusión fuera políticamente neutra, ya haría mucho tiempo que la evidencia habría sido aceptada: que la austeridad reactiva la economía es una premisa que no funciona; pero como lo que realmente importa es la política, una afirmación tan conveniente resulta difícil de dejar de lado.  De hecho, parece que es la doctrina oficial tanto del Partido Republicano como de la Casa Blanca».  ¿Sucede lo mismo en Europa?  Cada cual que medite su respuesta.  Por mi parte, yo lo tengo claro.