Viejas supersticiones

Aunque normalmente me limito a retuitear los vínculos a aquellos posts que en materia económica considero interesantes, hoy me he decidido a hacer una traducción de uno de los del tantas veces aludido blog en el New York Times del premio nobel de economía Paul Krugman, muy adecuado en las circusntancias que nos han tocado vivir.  No querría continuar adelante sin aclarar que sí, que quizás leo demasiado al Dr. Krugman (no es el único ni tampoco todos los que leo son de su misma cuerda).  No lo niego, pero el caso es que creo que después del evidente fracaso —desde 2008 hasta hoy— de la ortodoxia económica imperante, es bueno que algunos buenos economistas tengan algo diferente que decir, algo innovador que aportar.  En este grupo están entre otros Krugman, Stiglitz, Rogoff, etc.

Hechas estas aclaraciones, sigamos.  Para los que prefiráis leer el post original, el vínculo es The Old Superstition.  Añadir que, por supuesto, The New York Times Company posee el copyright del post.

«Me hice con una copia del libro “La Gran Depresión” de Lionel Robbins, publicado en 1934, en una librería de segunda mano en Norwich. Es bueno: de tono más bien cabal, lleno de tablas y datos, claramente escrito para ser visto como el trabajo de un sabio observador, de una persona seria…

«¡Y completamente equivocada!

«Robbins afirmaba en 1934 que la restauración de la confianza empresarial es condición sine qua non para la recuperación económica. El problema es cómo restaurar esa confianza. Desde luego, Robbins no está de acuerdo en abordar una política de expansión monetaria, incluso en un entorno deflacionario como el de 1929-1933. En realidad, no explica los porqués pero, una vez se asume que el problema estaba en la confianza empresarial, una eventual expansión monetaria causaría, desde su punto de vista, incertidumbre y, por lo tanto, dañaría la antedicha confianza.  Lo mismo es aplicable si hablamos de permitir que los tipos de cambio fluctúen libremente (esa libertad causaría incertidumbre y esta incertidumbre minaría la confianza).

«Tras analizar, revolver, conjeturar y volver a analizar, Robbins llega a la conclusión de que la causa de la depresión ha sido la excesiva intervención gubernamental y de que el remedio, el bálsamo tan necesario para la restauración de la confianza, se haya en… ¡una vuelta al patrón oro!

«Hoy en día podemos llegar a comprender cómo este tipo de análisis, más supersticioso que otra cosa, ha podido llegar a ser publicado y ampliamente referenciado si lo situamos en su contexto temporal: la primera parte de la década de 1930 (aunque ya en ese momento el Keynes anterior a la Teoría General podría haber explicado cuán equivocado se hallaba Robbins — como de hecho hizo). Pero esperaríamos que esa metodología fuese algo perteneciente al pasado.

«Pues no. El Informe Anual para 2010/2011 del Banco de Pagos Internacionales de Basilea (BPI en lo sucesivo) va en la misma dirección que Robbins en 1934. Lo grave es que hoy por hoy no hay excusas. Mientras que Robbins carecía de un sistema de conocimientos integrador que diese sentido a los eventos que estaban sucediendo, el BPI —así como muchos economistas— se enfrentan a la misma patología económica con la que Keynes convivió y ante la que el mismísimo Milton Friedman hubiera demandado actuar con decisión y fortaleza. Pero se ha preferido ignorar el conocimiento actual y reescribir las reglas [“jugar una partida de Calvinball monetario” es la expresión que usa Krugman aludiendo a su anterior post Monetary Calvinball].

«Iba a terminar este post diciendo algo acerca de la estupidez, pero no sería correcto puesto que la gente del BPI no son estúpidos. Lo que sucede es algo diferente y peor: estamos asistiendo a la victoria del deseo de respetabilidad sobre las lecciones de la historia, al triunfo de determinados prejuicios —prejuicios al servicio de los rentistas [v. The Rentier Regime y Rule by Rentiers, columna ésta publicada en español en El País]— sobre el análisis.

«La historia no va a perdonar a esta gente.»

Pues eso…

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