Un cisne negro en Fukushima

No soy partidario de la energía atómica, pero que tampoco voy a hacer aquí un alegato en su contra.  Simplemente creo que lo que está pasando en la central nuclear de Fukushima en Japón es un cisne negro, en el sentido que Nassim Nicholas Taleb le da a esta expresión en su libro “El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable” (Ediciones Paidós Ibérica, 2008).

Hace unos años impartí clases de “Teoría y técnicas de inversión financiera”, una asignatura optativa de la Licenciatura en Administración y Dirección de Empresas, en la que trataba de explicar el papel central que el riesgo tiene en cualquier proyecto de inversión financiera y donde se introducía el concepto de valor en riesgo (VaR) de una cartera de inversión.  La primera lección comenzaba -como otros muchos tratados acerca del riesgo financiero- explicando que la palabra riesgo proviene del árabe clásico “rizq“, que alude a lo fortuito o inesperado; y que no es casual que, en gallego y en portugués, riesgo se diga “risco“, como las peligrosas rocas costeras contra las que han tenido que zafarse navegantes de todo el mundo a lo largo de la historia.  El resto del programa se dedicaba a recuperar conceptos estadísticos y financieros para ir desarrollando el concepto de valor en riesgo que, en palabras de Philippe Jorion, es la peor pérdida esperada, para un horizonte temporal y un nivel de confianza determinados, en condiciones normales de mercado.

Pero el valor en riesgo es un concepto estadístico y, como tal, el peso de los datos históricos es tremendo.  Y lo peor es que, en algunas ocasiones, la historia no sirve de nada (de ahí que  la definición termine con la cláusula “bajo condiciones normales de mercado”).  Por ejemplo, los acuerdos de Basilea II incluían el VaR como medida fundamental del riesgo de crédito y de mercado; y no fuimos capaces de predecir la crisis financiera de 2008 (un muy buen post acerca de esto es http://www.elblogsalmon.com/mercados-financieros/el-var-la-tecnica-que-hundio-a-wall-street).  Estas situaciones impredecibles (y en gran medida imprevisibles) son cisnes negros.

Y un cisne negro también es, por desgracia, lo que sucede en la central nuclear de Fuskushima desde que el pasado viernes un gran terremoto y su posterior tsunami arrasaran la parte oriental de Honshu, la principal isla del archipiélago japonés.  ¿Qué científico, ingeniero o político pudo haber diseñado una central nuclear que resistiese lo que se le vino encima a Fuskushima?  Ninguno, porque nadie era capaz de imaginar -hasta la semana pasada- que tal sucesión de eventos pudiera llegar a ocurrir.

Y por eso creo que todas las reuniones que los diferentes niveles gestores de la energía nuclear en el mundo, desde los organismos e instituciones nacionales hasta la Organización Internacional de la Energía Atómica, aunque necesarias y, por supuesto, positivas para incrementar la seguridad de las centrales nucleares existentes, se demostrarán ineficaces cuando llegue, si llega, el próximo cisne negro.  Hoy parece que lo de Fuskushima es la peor combinación de circunstancias negativas que pueda afrontar una central nuclear; pero, en el futuro, puede darse una combinación que la supere, no necesariamente porque se produzca como consecuencia de circusntancias peores, sino porque se trata de una combinación tan imprevista que los sistemas de seguridad no estaban preparados para afrontarla.  Igual que la crisis financiera de 2008 y la subsiguiente crisis real…

No quiero decir con esto que haya que sentarse sin hacer nada a esperar la siguiente catástrofe.  Si decidimos, como sociedad, apostar por la energía atómica, hay que invertir mucho en mejorar la seguridad, hacer pruebas de estrés y, con los resultados de esas pruebas, realimentar la inversión en seguridad.  Pero siempre habrá un cisne negro, un agujero de seguridad, una puerta de atrás, que desborde cualquier previsión; y creo que, en el caso de la energía atómica, no podemos permitirnos esa circunstancia.  Por eso no apuesto por ella.

Por el momento, espero que la pesadilla que está viviendo Japón acabe pronto.

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6 Comments on “Un cisne negro en Fukushima”

  1. Estoy de acuerdo en lo fundamental. El impacto de lo altamente improbable suele ser proporcional a la medida de su improbabilidad. Estos escenarios suelen estar desprotegidos, por costoso, improbables o simplemente desconocidos.
    Pero, estos días no dejo de preguntarme como determina el ser humano los riesgos, y si en esa determinación no pesan más su expectativas previas, sus apriorismos, su emotividad, que la racionalidad numéricas.
    Pongo dos ejemplos: uno, en la costa oeste americana se agotaron las pastillas de Yodo; Dos: la prensa dedica mas lineas y minutos a la posible catástrofe nuclear que a las consecuencias de un terremoto y un tsunami reales.

    Me gustaría disponer de datos suficientes para plantear el viejo cálculo de la teoría de juegos en el caso del uso de la energía nuclear, y saber si la ganancia esperada por su probabilidad, supera a la perdida esperada por su probabilidad.
    Y soy consciente de que aún así el debate seguirá, porque aunque sabemos que ese cálculo no recomienda participar en juegos de azar, millones de personas juegan a diario. ¿Por que lo hacen? ¿Porque no aplican la racionalidad?

    Saludos y enhorabuena por el post.

  2. Diego says:

    La energía nuclear es segura porque en Burgos no hay tsunamis. Un tipo esta mañana, en Onda Cero.

  3. […] que, en la realidad, la probabilidad de encontrarnos un “cisne negro” (recordemos este post donde aplicábamos este concepto al accidente nuclear de Fukushima) es pequeña, pero ni es […]

  4. […] fósiles y con energía nuclear.  Mi poca simpatía por ésta ya ha sido expresada en un post anterior y, en cuanto a las primeras, decir que sus emisiones, además de los efectos contaminantes […]

  5. […] La verdad es que en los últimos tiempos no dejo de sorprenderme.  En diciembre el nuevo Ministro de Industria mantenía congelada la tarifa eléctrica (la tarifa de último recurso y los peajes de acceso, que son los precios sobre los que el regulador tiene competencia) y se planteaba prorrogar la actividad de la vetusta Central Nuclear de Garoña cinco años hasta 2018.  Sobre la congelación de la tarifa ya hablé aquí y sobre mi posición ante la energía nuclear me pronuncié en este otro post. […]


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